Edición No. 22, Issue II, Enero 2026
1. INTRODUCCIÓN
El crecimiento poblacional y urbano, junto con los
hábitos de consumo y el desarrollo económico, se
relacionan directamente con la creciente demanda de
recursos y, en consecuencia, con la generación de
residuos. Este fenómeno constituye un desafío global y
una preocupación para las generaciones actuales y
futuras.
En 2020 se reportaron 810 millones de toneladas de
residuos sólidos urbanos (RSU) en el mundo, de los
cuales el 38 % fueron vertidos, incinerados o acumulados
a cielo abierto [1]. En 2016 se llevó a cabo la
caracterización fisicoquímica que incluyó el análisis
proximal y determinación del poder calorífico de la
fracción bio-orgánica de RSU en dos vertederos de
Indonesia. Los resultados reportaron un rango de
humedad comprendido entre 9,13 y 12,23 %, un
contenido de cenizas entre 10,44 y 17,31 %, un
porcentaje de material volátil en el intervalo de 64,95 a
74,58 %, y un contenido de carbono fijo entre 14,74 y
19,47 %. Asimismo, el poder calorífico se situó entre
14,53 y 17,07 MJ kg-1 [2]. No obstante, el hecho de que
las muestras hayan sido recolectadas en vertederos
genera una amplia variabilidad en los resultados,
atribuida a la heterogeneidad y diversidad de las fuentes
de emisión de estos residuos.
En otro estudio realizado en Saltillo, México por
Silva R. et al. (2024), se caracterizó la fracción orgánica
de los residuos sólidos urbanos (FORSU) proveniente de
mercados de (CMW) donde se determinó que estaba
compuesta en un 72,5 % por frutas y vegetales, mientras
que el 27,5 % restante incluía carnes, huesos, lácteos y
otros residuos orgánicos. A partir del análisis proximal
de esta fracción se obtuvo un contenido de humedad del
89,92 %, mientras que el porcentaje de sólidos totales
alcanzó el 10,08 %. De estos sólidos, el 84,45 %
correspondió a material volátil y el 15,55 % a cenizas [3].
En Ecuador, para 2023, la generación promedio
alcanzó 14.421,29 toneladas diarias de RSU, compuestos
en un 55,3 % por residuos orgánicos y en un 44,7 % por
inorgánicos [4]. En la región costa del país, el 32,1 % de
los RSU son depositados en botaderos a cielo abierto,
mientras que en la región sierra este valor apenas alcanza
el 5,4 % [5]. Esta práctica produce contaminación de
suelos, aguas y aire, afectando directamente a la salud de
la población cercana [6]. Además, las condiciones
climáticas de la costa ecuatoriana aceleran la
descomposición de la materia orgánica y favorecen la
emisión de lixiviados y metano, lo que incrementa los
impactos ambientales [7]. A esto se suma el riesgo de
proliferación de vectores y la posible transmisión de
enfermedades al entrar en contacto con fuentes de agua
[8].
En la región costera de Ecuador se encuentra Manabí,
una provincia cuya actividad económica principal se
centra en el sector agropecuario, ya que 1.052.342 ha de
su territorio están dispuestas para este fin [9], [10]. En el
año 2020 se reportó la existencia de aproximadamente
130 centro de acopio activos [11] que abastecen a una
población de 1.592.840 habitantes, lo que representa el
9,4 % de la población total del país [12].
En este estudio se utilizó FORSU de origen
lignocelulósico, generada en mercados municipales. La
biomasa lignocelulósica, definida como el residuo
vegetal no destinado al consumo humano ni animal, se
caracteriza por su elevado contenido de carbohidratos y
por la presencia de componentes estructurales como
celulosa, hemicelulosa y lignina [13]. Estas
características junto con la alta disponibilidad de este
residuo, le confieren un importante valor energético, lo
que la posiciona como una materia prima adecuada para
procesos de conversión termoquímica entre los que
destacan la incineración, la gasificación y la pirólisis; los
cuales se consideran alternativas sostenibles para la
valorización energética de la FORSU [14]. A través de
estas tecnologías es posible obtener bioproductos sólidos
(biocarbón), líquidos (bioaceite) y gaseosos (syngas), que
pueden emplearse como biocombustibles o en generación
de energía, dependiendo de sus propiedades
fisicoquímicas y de las condiciones de operación [15].
La elevada dependencia de los combustibles fósiles y
el riesgo geopolítico asociado a sus principales
proveedores resaltan la urgencia de promover fuentes de
energía renovables que contribuyan a mitigar los efectos
del cambio climático. Al mismo tiempo, estas
alternativas permiten fortalecer la seguridad energética,
entendida como el acceso ininterrumpido a fuentes de
energía a precios asequibles y ambientalmente
sostenibles [16]. En este contexto, adquiere especial
importancia la llamada “transición energética verde”,
orientada al reemplazo parcial o total de los combustibles
fósiles por recursos renovables y sostenibles [17]. La
integración de estas fuentes en la matriz energética no
solo contribuye a reducir la exposición a la volatilidad de
los mercados internacionales, sino que también impulsa
la diversificación de materias primas y favorece la
construcción de un modelo energético más sostenible y
ambientalmente responsable.
La originalidad de este estudio radica en la
caracterización de la FORSU y en la evaluación
estadística del efecto de la temporalidad y la ubicación de
muestreo sobre sus propiedades fisicoquímicas, con el fin
de establecer criterios sólidos para la selección de
biomasa y su aprovechamiento en la generación de
bioproductos, optimizando así los rendimientos al
aplicarla en distintos procesos. Estos resultados
constituyen la base para definir criterios de
representatividad de las muestras y orientar estrategias de
valorización energética sostenible en la provincia de
Manabí. En Ecuador, este tipo de investigaciones no se
había desarrollado previamente, lo que ha limitado la
disponibilidad de información de referencia y, en
consecuencia, la proyección de aplicaciones de la